La medalla de la Virgen y la del Ángel de la Guarda
Las dos medallas de bautizo por excelencia, y qué distingue a cada advocación.
Si hay un regalo por defecto en un bautizo español, es una medalla. Y dentro de esa categoría, dos opciones se reparten casi todo: una advocación de la Virgen o el Ángel de la Guarda.
- Medalla de bautizo
Qué significa
Las medallas marianas representan a María bajo una advocación concreta, y la advocación no es un detalle decorativo: cada una tiene una historia, una fiesta y a menudo un vínculo territorial o familiar.
- La Milagrosa es la más extendida como medalla: reproduce la imagen asociada a las apariciones de la calle du Bac de París en 1830, con la inscripción alrededor y el reverso de la M con la cruz y los dos corazones.
- La Virgen del Carmen conecta con la devoción carmelita y con el escapulario; es también la patrona de la gente del mar, lo que la hace frecuente en zonas costeras.
- Las advocaciones locales —el Pilar, la Macarena, Montserrat, Covadonga, Begoña y tantas otras— añaden una capa de pertenencia a un lugar concreto que ninguna medalla genérica tiene.
El Ángel de la Guarda representa otra idea: la del ángel custodio, la creencia de que cada persona tiene un ángel que la acompaña. El Catecismo de la Iglesia católica recoge esta doctrina en su exposición sobre los ángeles. Es la medalla que más se regala a un recién nacido cuando no hay una devoción mariana concreta en la familia, en parte porque el motivo del ángel protector de un niño resulta comprensible para cualquiera.
Cuándo se regala
En el bautizo, y casi siempre la regalan los padrinos o los abuelos. Es un objeto que no se le pone al bebé —una cadena al cuello de un recién nacido no es buena idea— sino que se guarda hasta que la persona tenga edad de llevarla. Ese guardado forma parte del regalo: muchas medallas de bautizo se estrenan en la comunión o más tarde.
También aparece en la comunión, con una diferencia: ahí sí se lleva puesta desde el primer día, y por tanto el tamaño y la cadena importan más.
Un criterio que ayuda a elegir la advocación: la que tenga esa familia. Si la abuela es del Pilar y el niño lleva un nombre relacionado, la elección está hecha. Regalar la advocación de la familia es un gesto de pertenencia; regalar la más bonita del escaparate es regalar una medalla.
El error frecuente
Regalar una advocación al azar. Elegida por estética o por lo que había en la tienda, la medalla pierde precisamente lo que la distingue de cualquier colgante: que dice algo sobre esa familia. Preguntar por la devoción de la casa —a la abuela, normalmente— convierte el mismo objeto y el mismo precio en un regalo con contenido.
El segundo error es de seguridad y no de significado: la cadena. Una cadena puesta al cuello de un bebé o de un niño muy pequeño no es un regalo, es un riesgo. Lo habitual y lo sensato es regalar la medalla con su cadena guardada para más adelante, o directamente sin cadena, y decirlo al entregarla.
Qué mirar al comprarla
- El tamaño. Las medallas de bautizo suelen ser pequeñas, y hacen bien: la medalla grande de escaparate en el pecho de un niño de nueve años pesa y molesta.
- El material. Oro y plata para lo que se hereda; acero para lo que se va a llevar a diario. Los baños se desgastan.
- El reverso. Suele ir liso, precisamente para poder grabar el nombre y la fecha del bautizo. Es lo que convierte la medalla en un objeto identificable dentro de treinta años.
- El acabado del canto. Una medalla con canto vivo roza y engancha la ropa.
Sobre el grabado: en un objeto pensado para pasar de una generación a otra, solo aguanta lo que se marca en el propio metal. Un nombre y una fecha en el reverso, grabados, siguen legibles cuando la persona que los encargó ya no está para explicarlos — que es exactamente para lo que sirven.