Regalos Religiosos

El significado detrás de cada regalo de fe


Los errores que más se repiten al regalar un objeto religioso

El resumen de todo lo que en cada ficha aparece como el error frecuente, en una sola lista.

Cada ficha de este sitio termina con el error frecuente de ese objeto concreto. Esta es la lista de los que se repiten en todos, con el porqué y con la alternativa.

Qué significa

Regalar un objeto religioso tiene una capa que no tiene ningún otro regalo: además de acertar con el gusto de quien lo recibe, hay una tradición que trata esos objetos de una manera determinada. Los cinco errores que siguen no son cuestión de buen gusto: son los que chocan con esa tradición o con la situación real de quien recibe.

1. Repartir objetos bendecidos como recuerdo de fiesta. Medallas, rosarios o estampas bendecidos entregados a cien invitados de una boda o de una comunión. El Código de Derecho Canónico establece que las cosas dedicadas al culto mediante bendición deben tratarse con reverencia y no emplearse para uso profano o impropio, aunque pertenezcan a particulares. Repartirlas en masa garantiza que la mayoría acaben en un cajón.

Alternativa: que el detalle de invitados no sea religioso, o que lo sea pero sin bendecir y para un círculo corto de personas que vayan a usarlo.

2. Comprar o vender reliquias. Aparece con más frecuencia de la que parece, sobre todo en mercados de antigüedades y plataformas de segunda mano. El Código de Derecho Canónico prohíbe terminantemente la venta de reliquias sagradas. No es una recomendación: es una prohibición expresa.

Alternativa: si lo que atrae es el objeto devocional antiguo, hay estampas, medallas y libros antiguos que no plantean ningún problema.

3. Elegir la imagen o la advocación por estética. Regalar una figura de un santo o una advocación mariana porque la talla es bonita, sin ninguna relación con la devoción de quien la recibe. El objeto religioso funciona cuando dice algo sobre esa persona o esa familia; elegido por diseño, es decoración con carga.

Alternativa: preguntar cuál es la devoción de esa casa. Suele saberlo la abuela y suele ser una conversación agradable.

4. Regalar objetos devocionales a quien no practica. Es el error más frecuente de todos y el más incómodo para quien lo recibe: no puede usarlo, no quiere tirarlo por lo que representa, y tiene que agradecerlo. Ocurre sobre todo en bautizos y bodas celebrados por tradición familiar.

Alternativa: si no sabes con certeza que esa persona lo va a usar, elige otra categoría. No hay ninguna obligación de que un regalo hecho en un sacramento sea religioso.

5. El objeto que obliga a exhibirlo. El cuadro grande, la talla de tamaño considerable, la placa con el nombre. Obliga a dedicarle una pared y a mantenerla, y colocarlo o no colocarlo se convierte en una declaración que nadie quería hacer.

Alternativa: lo pequeño y lo que se guarda. Una medalla, una estampa, un libro, un objeto de cajón.

Cuándo se regala

El momento no arregla ninguno de los cinco. Pero hay una situación en la que todos se agravan: cuando el objeto se elige con prisa el día anterior. Los cinco errores son, en el fondo, el mismo error —comprar sin información sobre quién recibe— y la prisa es lo que impide conseguir esa información.

Con tres días de margen se puede preguntar por la devoción de la familia, se puede confirmar cómo se escribe un nombre y se puede pensar si esa persona practica o no. Con tres horas, no.

El error frecuente

El que engloba a los cinco: tratar el objeto religioso como un regalo temático. Es decir, elegirlo por la categoría —“es un bautizo, algo religioso”— en lugar de por la persona.

Un objeto religioso bien elegido es de los regalos que más duran: se hereda, se explica y sigue significando algo dos generaciones después. Mal elegido, es de los que más incomodan, porque no se puede usar ni tirar.

La diferencia entre las dos cosas casi nunca está en el precio. Está en si alguien se molestó en preguntar.


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