Regalos Religiosos

El significado detrás de cada regalo de fe


Qué es un recordatorio de funeral y qué se reparte

El objeto que se entrega en el peor día del año para tomar decisiones, y que casi nadie sabe cómo se hace.

Es el objeto de esta web sobre el que menos información hay en español, y se prepara siempre en las peores condiciones posibles: con un plazo de horas y con la familia en el peor momento de su vida.

Por eso merece la pena tenerlo explicado antes de necesitarlo.

Qué significa

El recordatorio de funeral es una estampa o tarjeta que la familia entrega a quienes asisten al funeral o al velatorio. Cumple tres funciones a la vez: agradecer la asistencia, dejar constancia de los datos, y —esta es la que le da sentido religioso— pedir una oración por la persona fallecida.

Su contenido tradicional:

  • El nombre completo de la persona fallecida.
  • Las fechas de nacimiento y de fallecimiento, o solo la segunda.
  • Una fórmula de petición de oración, del tipo “sus familiares le encomiendan una oración por su alma” o la petición de un recuerdo en la misa.
  • Un texto breve: una cita del Evangelio, un salmo, una oración corta o una frase que representara a la persona.
  • Una imagen, que puede ser religiosa —lo tradicional— o una fotografía de la persona, cada vez más frecuente.
  • A veces, los datos del funeral: parroquia, fecha y hora.

Conviene distinguirlo de dos objetos parecidos: la esquela, que es el aviso público del fallecimiento y se publica en prensa o se coloca en la puerta de la iglesia; y la estampa de aniversario, que algunas familias reparten en las misas del primer aniversario o del cabo de año.

Cuándo se regala

Se reparte en el velatorio o a la salida del funeral, en una mesa a la entrada o entregado por alguien de la familia.

El plazo es lo que hace difícil este objeto: en España el intervalo entre el fallecimiento y el funeral suele ser de veinticuatro a cuarenta y ocho horas. No hay margen para encargar nada elaborado.

Tres formas en que las familias lo resuelven:

Lo prepara la funeraria. La mayoría ofrece el servicio dentro del paquete, y resuelve el plazo. La contrapartida es que el diseño y el texto suelen ser de catálogo.

Lo hace alguien de la familia con lo que hay. Impresión digital en una copistería, que en veinticuatro horas se resuelve. Da mucho más margen para el texto, que es lo que importa.

No se reparte en el funeral, sino después. Es una opción perfectamente válida y poco conocida: enviar el recordatorio a quienes acompañaron, semanas más tarde, junto con el agradecimiento. Elimina la presión del plazo y llega en un momento en que se lee de verdad.

El error frecuente

Delegar el texto en la plantilla. Es lo que ocurre casi siempre, y es comprensible: nadie está en condiciones de redactar en esas horas. El resultado es un papel correcto e intercambiable.

Si alguien de la familia o del entorno puede ocuparse —y este es un encargo que un amigo cercano puede asumir para descargar a los hijos o al cónyuge—, dos cosas cambian por completo el objeto:

Una frase que fuera suya. Algo que decía, un verso que le gustaba, una palabra que usaba. Vale más que cualquier cita.

Los datos completos. Nombre entero, las dos fechas, el lugar. Igual que en un recordatorio de bautizo, es lo que hace que ese papel siga sirviendo dentro de cuarenta años, cuando alguien de la familia intente reconstruir quién era quién.

Y una advertencia práctica sobre lo que se elige apresuradamente: la sobriedad envejece bien y la ornamentación, no. Los recordatorios recargados —con bordes dorados, fotomontajes, frases largas en tipografía de fantasía— se ven de su época enseguida. Los sobrios, no.


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