Regalos Religiosos

El significado detrás de cada regalo de fe


Qué se regala en una confirmación

El sacramento con menos costumbre de regalo y con el destinatario más difícil: un adolescente.

La confirmación es el sacramento con menos tradición de regalo de los tres de iniciación, y a la vez el que se celebra en la edad más difícil para acertar.

Qué significa

La confirmación completa la iniciación cristiana. Se recibe por la unción con el santo crisma y la imposición de manos, normalmente del obispo, y la Iglesia la entiende como el sacramento que fortalece con los dones del Espíritu Santo a quien ya fue bautizado.

Sobre la edad, el Código de Derecho Canónico establece que se administre en torno a la edad de la discreción, salvo que la Conferencia Episcopal determine otra edad. En España la práctica varía notablemente de una diócesis a otra: hay quien la administra hacia los catorce y quien la retrasa hasta los diecisiete o dieciocho, con procesos de preparación de dos o tres años. Esa variación explica por qué las costumbres de regalo son mucho menos uniformes que en la comunión.

Sobre el padrino, el Código pide los mismos requisitos que para el bautismo y recomienda expresamente que sea, a ser posible, el mismo padrino del bautizo, para subrayar la continuidad entre los dos sacramentos. Puede consultarse en el Código de Derecho Canónico.

De ahí sale el criterio del regalo: si el padrino de bautizo repite, el regalo puede cerrar el círculo abierto entonces —completar lo que se dio, o darle por fin la cadena de la medalla que lleva guardada catorce años.

Cuándo se regala

El mismo día, en la celebración familiar posterior, que en la confirmación es mucho más modesta que en la comunión: comida en familia, poco más.

Qué encaja con esta edad:

Objetos con significado que el confirmando pueda entender y elegir en parte. Una cruz sencilla, un rosario de un material que le guste, una Biblia de adulto con su nombre. La clave es que a esta edad la persona ya tiene criterio propio, y un objeto elegido íntegramente por otro se percibe como tal.

El objeto que cierra lo del bautizo. La medalla guardada, la cadena que le falta, la cruz que era de un abuelo. Es lo que mejor funciona, y no cuesta nada si el objeto ya está en la familia.

Algo que le sirva de verdad, sin carga religiosa. En una edad en la que el regalo religioso puede resultar impuesto, un regalo normal y bueno acompañado de una nota que explique por qué se lo das tú, funciona mejor que un objeto devocional que no va a usar.

Y lo que no se compra: una carta. En este sacramento concreto, donde el adolescente ha tenido que decidir en algún grado si quería confirmarse, una carta de quien le acompaña tiene un peso que no tiene en ningún otro momento.

El error frecuente

Repetir el regalo de la comunión. Es lo más habitual: otro rosario, otra medalla, otra cruz, cuando ya recibió las tres a los nueve años y siguen en el mismo cajón.

Si aquellos objetos existen, la pregunta correcta no es qué comprar sino qué falta para que los use: una cadena, un arreglo, un estuche.

El segundo error es no contar con el confirmando. A los nueve años se acepta lo que llega; a los dieciséis, un regalo que no encaja se nota inmediatamente en la cara. Preguntar no rompe nada: en esta edad, un regalo consultado se agradece más que uno sorpresa.

Y el tercero, de tono: convertir el regalo en un mensaje. La confirmación llega a menudo en un momento de dudas sobre la práctica religiosa, y un objeto elegido para subrayar lo que se espera de esa persona se lee exactamente así. Si hay algo que decir, se dice en la carta, no en el objeto.


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