Regalos Religiosos

El significado detrás de cada regalo de fe


Regalo de comunión para una niña o para un niño

Hay una tradición documentada que reparte los objetos por sexo. Conviene saber cuál es y también qué queda de ella.

Es una de las búsquedas más frecuentes sobre este sacramento, y merece una respuesta que distinga dos cosas: lo que dice la costumbre y lo que tiene sentido hacer hoy.

Qué significa

La tradición española de regalos de comunión sí ha repartido históricamente los objetos por sexo, y de forma bastante estable:

  • Para las niñas, la medalla de la Virgen —con frecuencia con nácar—, la pulsera, la joya en general.
  • Para los niños, la cruz o el crucifijo, el reloj, y el Ángel de la Guarda como opción indistinta.

El reparto no responde a ninguna norma eclesial: no hay nada en el rito de la primera comunión que asigne objetos por sexo, y ninguna fuente litúrgica lo recoge. Es una convención social, y como tal está documentada en los estudios etnográficos que han registrado las costumbres de regalo en distintas regiones españolas, incluido el reparto de papeles entre padrino y madrina —cada uno con sus piezas asignadas— que era mucho más rígido hace medio siglo de lo que es ahora.

Es decir: es una tradición real, con arraigo, y no una invención comercial. Y al mismo tiempo es solo eso, una tradición.

Cuándo se regala

En el mismo momento que cualquier otro regalo de comunión, y con la misma lógica de reparto: el objeto simbólico lo suelen aportar padrinos y abuelos.

Lo que sí conviene decidir con antelación es cuál de los dos criterios se va a usar, porque son distintos y llevan a objetos distintos:

El criterio de la tradición. Se sigue la costumbre familiar. Tiene sentido sobre todo cuando hay continuidad: la medalla que llevó la madre, la cruz que llevó el abuelo. Ahí el objeto no se elige, se hereda, y el reparto por sexo es un efecto secundario de la herencia.

El criterio del niño. Se elige mirando a esa persona concreta: si le gusta llevar algo al cuello o no, si va a preferir un objeto para tener o para usar, si tiene alguna devoción propia de la catequesis.

El segundo criterio produce casi siempre regalos que se usan más. El primero produce regalos que se guardan más. Los dos son legítimos y no son incompatibles.

El error frecuente

Aplicar el reparto por sexo de forma automática, sin mirar a quién se está regalando. Es lo que produce la escena habitual: una niña de nueve años que recibe tres pulseras y ninguna de las tres se pone nunca, o un niño con un reloj que le queda grande y que no volverá a abrir el cajón.

Dos comprobaciones que evitan casi todos los fallos, y que no tienen nada que ver con el sexo del niño:

  • ¿Lo va a poder llevar puesto? Tamaño, peso, cierre, si es cómodo bajo la ropa del colegio. Una joya de comunión que solo se puede llevar en ocasiones especiales se pone dos veces.
  • ¿Se le puede explicar? Si el objeto tiene una historia —esta medalla era de tu bisabuela, esta advocación es la de nuestro pueblo—, funciona a cualquier edad y con cualquier niño. Si no la tiene, es un objeto bonito más entre los quince que va a abrir esa tarde.

Y una última observación, dicha sin dramatismo: en las familias donde hay varios hermanos, aplicar el reparto tradicional de forma estricta produce comparaciones que se recuerdan durante años. Que a un hermano le tocara “el reloj” y a otra “la pulsera” es de esas cosas que se comentan en las comidas familiares treinta años después. Merece la pena pensar el conjunto, no solo el regalo de este año.


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