Regalos Religiosos

El significado detrás de cada regalo de fe


Qué se regala a los invitados de una comunión

El detalle que entrega la familia del niño, no el regalo que recibe. Dos cosas distintas que se confunden todo el tiempo.

Hay una confusión de vocabulario que enreda todas las conversaciones sobre este tema: el detalle de comunión y el regalo de comunión no son lo mismo.

El regalo es lo que recibe el niño de sus padrinos, abuelos e invitados. El detalle es lo que la familia del niño entrega a cada invitado como recuerdo del día. Van en direcciones opuestas y este artículo trata del segundo.

Qué significa

El detalle para invitados es un objeto pequeño que se entrega el día de la celebración, normalmente en la mesa del convite o al despedir a la gente, y cuya función es doble: agradecer la asistencia y dejar constancia de la fecha.

No tiene ninguna función litúrgica. No aparece en el rito, no lo pide la parroquia y no es una obligación religiosa: es una costumbre social española que se ha ido asentando y ampliando con los años, y que en algunas zonas se ha vuelto casi tan elaborada como la de una boda.

Conviene saberlo porque libera bastante: no hacer detalles no incumple nada.

Los formatos que se han consolidado son cuatro:

  • El recordatorio impreso, que es el más tradicional: una estampa o tarjeta con el nombre del niño y la fecha, a veces con una foto.
  • El objeto pequeño de uso: llavero, marcapáginas, abanico, bolígrafo.
  • El detalle comestible: caja de dulces, bombones, un dulce típico local.
  • El detalle religioso: una medalla pequeña, un rosario de una decena, una cruz sencilla.

Cuándo se regala

El mismo día, y hay dos momentos que funcionan de forma distinta.

En la mesa, colocado en cada sitio antes de que la gente se siente. Es lo más habitual en convites con mesas asignadas, y tiene la ventaja de que nadie se queda sin el suyo.

A la salida, entregado por el propio niño o niña. Es el momento con más gracia y el que más se recuerda, porque el detalle viene con una despedida. Requiere que alguien lleve la cuenta para que no se acabe antes de tiempo.

Sobre las cantidades, la regla práctica: un detalle por unidad familiar o por adulto, no por persona. Contar niños pequeños infla la cifra sin que nadie lo agradezca, y en cambio conviene tener un diez por ciento de margen para los imprevistos, que los hay siempre.

En cuanto al calendario, las comuniones en España se concentran de forma muy marcada en primavera, con el grueso en mayo. Si el detalle lleva personalización —nombre, fecha, foto—, hay que encargarlo con semanas de antelación: en abril y mayo todos los talleres del país están haciendo lo mismo al mismo tiempo, y la urgencia se paga o no se sirve.

El error frecuente

Elegir un objeto que no se puede usar ni tirar. Es la categoría en la que caen la mayoría de los detalles de comunión, y produce el mismo destino en todas las casas: un cajón.

El filtro que evita el noventa por ciento de los fallos es una sola pregunta: ¿qué va a hacer con esto un invitado adulto que no es de la familia?

Con esa pregunta delante:

  • Funciona lo que se consume. Nadie tira una caja de dulces.
  • Funciona lo pequeño y útil. Un marcapáginas o un llavero sencillo tienen una vida real.
  • Funciona el recordatorio impreso bien hecho, precisamente porque no pretende ser un objeto: es un papel que se guarda o no, y en ninguno de los dos casos estorba.
  • No funciona la figura decorativa. El objeto de resina, la escultura pequeña, el adorno con la fecha. Nadie lo pone en su casa y a nadie le apetece tirarlo por lo que representa.
  • No funciona el objeto religioso repartido en masa. Y aquí hay algo más que una cuestión de gusto: entregar cincuenta medallas o rosarios a invitados de los que muchos no tienen práctica religiosa convierte un sacramental en un recuerdo de fiesta. Si además están bendecidos, el problema es mayor, porque un objeto bendecido no debería acabar en un cajón como souvenir.

Ese último punto es el que más se pasa por alto en un sitio que habla de regalos religiosos, así que conviene decirlo claro: el detalle para invitados no tiene por qué ser religioso, y muy a menudo es mejor que no lo sea.


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