Regalos Religiosos

El significado detrás de cada regalo de fe


Qué se le regala a una religiosa

El voto de pobreza no es un detalle de fondo: cambia por completo lo que tiene sentido regalar.

Aquí el voto de pobreza no es un matiz teológico de fondo: es la condición que determina qué puede y qué no puede aceptar la persona a la que quieres regalar.

Qué significa

Quien profesa en un instituto de vida consagrada emite tres votos: pobreza, castidad y obediencia. El de pobreza implica, con variaciones según la regla de cada orden, que la persona no dispone libremente de bienes propios: lo que recibe puede pasar a la comunidad, y en muchos casos el uso de cualquier objeto personal está regulado.

Eso convierte en problemático el regalo de valor, aunque se haga con la mejor intención. No porque esté prohibido regalarle nada, sino porque obliga a la persona a gestionar una situación: entregarlo a la comunidad, pedir permiso para usarlo, o rechazarlo.

A eso se añade una segunda condición que casi nadie tiene en cuenta: el espacio. En una vida en comunidad, el espacio personal es reducido. Un objeto grande, aunque sea precioso, es un problema físico.

Y una tercera: las órdenes son muy distintas entre sí. No es lo mismo una comunidad contemplativa de clausura que una congregación de vida activa dedicada a la enseñanza o a la sanidad. La primera tiene una vida material mucho más austera y regulada; la segunda, una rutina más parecida a la de cualquier profesional. Generalizar entre ambas es el origen de bastantes regalos desafortunados.

Cuándo se regala

Los momentos propios son la profesión religiosa —temporal y perpetua—, los aniversarios de profesión, el santo, y la Navidad.

Qué encaja, ordenado de más a menos seguro:

Lo que se consume. Comida, dulces, café, algo para compartir en comunidad. Es la categoría más segura de todas, porque no crea propiedad, no ocupa espacio permanente y beneficia a más de una persona. Un regalo para la comunidad entera, en lugar de para una hermana en particular, resuelve de un golpe casi todos los problemas de este artículo.

Lo pequeño y de uso personal modesto. Un rosario, un libro, artículos de higiene, unos calcetines buenos, una manta. Objetos que se usan y se gastan.

Lo que sirve para su trabajo. Muchas religiosas trabajan: enseñan, cuidan, atienden. Material para lo que hacen es un regalo excelente y a menudo va directamente a beneficiar a otras personas.

El apoyo a la obra de la comunidad, si tienen una: un donativo, materiales para su labor, ayuda concreta. Para muchas comunidades es lo más útil que se les puede dar.

El error frecuente

La ostentación. Es el error específico de esta categoría y se comete con toda la buena intención: la joya, el objeto de valor, la pieza de diseño. Choca frontalmente con el voto de pobreza y con el estilo de vida de la persona, y no hay forma elegante de que lo rechace.

El segundo error es de tono: el regalo que la trata como a una anciana. Existe una imagen bastante estereotipada de la religiosa —mayor, dulce, aficionada a las estampas— que no se corresponde con la realidad de muchas comunidades. Hay religiosas de treinta años que son profesoras, médicas, juristas o investigadoras, y a las que un regalo de estampitas y caramelos les resulta exactamente igual de condescendiente que a cualquier otra persona.

Y el tercero, muy repetido: regalar objetos devocionales por defecto. Es probable que quien ha dedicado su vida entera a esto tenga ya todo lo que necesita en ese terreno. Un libro que no sea religioso, algo relacionado con lo que hace o con lo que le gusta, suele hacer más ilusión que la enésima imagen.

La regla que resume todo: si dudas, pregunta a la comunidad. En los monasterios y conventos con hospedería o con actividad hacia fuera hay siempre alguien encargado de esa relación, y responden con toda naturalidad qué hace falta. Casi siempre la respuesta es más prosaica y más útil de lo que uno esperaba.


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