Regalos Religiosos

El significado detrás de cada regalo de fe


Qué se le regala a unos novios que se casan por la iglesia

Un regalo religioso en una boda es delicado: puede ser el más significativo o el más incómodo, según a quién.

Un regalo religioso en una boda funciona muy bien o muy mal, y no hay mucho término medio. La diferencia depende casi por completo de una cosa: si esa pareja se casa por la iglesia por convicción o por otras razones igualmente respetables.

Qué significa

En el matrimonio católico, los que se casan son los propios contrayentes: se administran el sacramento el uno al otro, y el sacerdote asiste como testigo cualificado de la Iglesia. Ese detalle, que sorprende a mucha gente, explica el sentido de los objetos que se regalan en este contexto: no son elementos del rito, son objetos para la casa que se está formando.

Los que tienen tradición:

El crucifijo o la cruz del hogar. Es el clásico. En muchas familias españolas hay una cruz que se colocó al casarse y que sigue ahí décadas después.

La imagen o el cuadro de una advocación, normalmente la que tiene sentido para esa familia o para el lugar.

La Biblia con los nombres y la fecha. Un objeto que se usa poco y se conserva siempre, y que admite bien una dedicatoria.

El rosario doble o los rosarios a juego, en las familias donde hay esa práctica.

El encargo de una misa por los novios, que es un gesto discreto, muy poco frecuente y que a una pareja practicante le hace bastante ilusión.

Cuándo se regala

Antes o durante la celebración, como cualquier otro regalo de boda. Y con una advertencia de calendario: si lleva grabado con los nombres y la fecha, hay que encargarlo con semanas de antelación, y en temporada alta de bodas —de mayo a octubre— con más.

Un momento mejor y menos usado: al estrenar casa. El crucifijo o la imagen del hogar tienen más sentido cuando hay una pared donde ponerlos que en una mesa de regalos el día de la boda.

El error frecuente

Regalar un objeto devocional a una pareja que se casa por la iglesia sin ser practicante. Ocurre mucho más de lo que parece: en España hay parejas que eligen la ceremonia religiosa por tradición familiar, por el lugar o por compromiso con los mayores de la casa, sin que eso implique una práctica habitual.

A esa pareja, una imagen grande o un crucifijo de pared le crea un problema doméstico: no lo va a colgar y no se atreve a darlo. Y lo sabrás, porque lo verás en su casa dentro de dos años en un armario.

La comprobación es sencilla y no hace falta preguntar nada indiscreto: si no sabes que esa pareja tiene práctica religiosa, elige otra cosa. Hay literalmente cientos de opciones para un regalo de boda y esta es la única que depende de la fe de quien lo recibe.

El segundo error es de tamaño y de estilo. Los objetos religiosos de decoración tienden a comprarse grandes y a resultar imponentes en un piso pequeño y de estética actual. Si la pareja es practicante y quieres acertar, lo pequeño y sobrio se coloca en cualquier casa; lo grande obliga a dedicarle una pared.

Y el tercero, que es una regla general de este sitio: si el objeto va bendecido, dilo al entregarlo. Un objeto bendecido no se trata como un objeto cualquiera, y quien lo recibe tiene derecho a saber qué está recibiendo. El Código de Derecho Canónico pide que las cosas dedicadas al culto se traten con reverencia y no se destinen a usos impropios, y eso empieza por que la persona sepa que lo son.


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