Regalos Religiosos

El significado detrás de cada regalo de fe


Qué objetos hacen falta de verdad en la ceremonia

Lo que se usa en el altar y lo que es recuerdo para los invitados: dos listas que se mezclan y se compran mal.

En una boda religiosa conviven dos categorías de objetos que se confunden todo el tiempo: los que tienen una función en la celebración y los que son recuerdo para los invitados. Comprar unos pensando que son los otros es el origen de casi todos los sustos de última hora.

Qué significa

Los que tienen función en la ceremonia. Son pocos y hay que hablarlos con la parroquia, porque cada iglesia tiene su forma de hacer las cosas y algunas aportan parte de ellos:

  • Las alianzas. Se bendicen durante el rito y se intercambian. Es el elemento central.
  • Las arras, en la tradición hispánica. Su presencia y su fórmula dentro del rito dependen del ritual y de la parroquia.
  • El lazo, en las celebraciones que lo incluyen, más habitual en comunidades con vínculo hispanoamericano que en la práctica peninsular general.
  • Las lecturas, que la pareja elige y que a veces se imprimen para los lectores.
  • El libro o el guion de la ceremonia, si la parroquia lo prepara.

Los que son recuerdo. Todo lo demás: los detalles para invitados, el libro de firmas, los recordatorios impresos, los abanicos, las cajas de dulces.

La diferencia práctica es de plazo y de interlocutor. Lo primero se acuerda con la parroquia y hay que tenerlo listo antes; lo segundo se decide con la organización del convite y solo depende de vosotros.

Cuándo se regala

Los elementos de la ceremonia, semanas antes y confirmados en la reunión de preparación. Es una conversación de cinco minutos que evita presentarse con algo que no hacía falta o sin algo que sí.

Los detalles para invitados, el mismo día.

Sobre las cantidades y los plazos de los detalles vale exactamente lo mismo que en cualquier celebración: uno por unidad familiar, margen del diez por ciento, y encargo con semanas de antelación si llevan personalización. En temporada de bodas, más margen: de mayo a octubre todos los proveedores del país están saturados a la vez.

El error frecuente

Convertir el detalle de invitados en objeto religioso repartido en masa. Es el mismo error que en el bautizo y en la comunión, y en una boda se multiplica porque el número de invitados es mucho mayor: doscientas medallas, doscientos rosarios, doscientas estampas.

En una boda con doscientos invitados, una parte considerable no tiene práctica religiosa. Repartir sacramentales entre esas doscientas personas garantiza que la mayoría acabe en un cajón o en la basura, y si además están bendecidos, el problema deja de ser de gusto: el Código de Derecho Canónico pide que lo dedicado al culto se trate con reverencia y no se emplee para uso profano.

La solución es la misma de siempre: el detalle de invitados no tiene por qué ser religioso, y en una boda casi nunca conviene que lo sea. Algo dulce, algo útil, o el recordatorio impreso con la fecha, que es lo tradicional y lo que mejor envejece.

El segundo error, de logística: no asignar a una persona concreta cada objeto de la ceremonia. Quién trae las alianzas, quién las tiene durante la ceremonia, dónde están las arras, quién recoge todo después. En una boda hay mucha gente implicada y una difusión de responsabilidad que se resuelve diciendo un nombre en voz alta para cada objeto.

Y el tercero: grabar sin comprobar. Los nombres y las fechas grabados en objetos de boda tienen una tasa de erratas sorprendentemente alta, porque se encargan por teléfono y en medio de cincuenta gestiones. Se pide siempre una prueba escrita antes de producir.


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